Las voces de los oprimidos han callado. Han sido silenciadas.
Con las limosnas deberían haber comprado cuchillos, no olvido.En cambio se mordieron la lengua.
Como los esclavos del infierno de Dante desaparecen entre las sombras de las jarras en el panteón de la taberna.
Aquí la opresión provoca vergüenza y suicidios entre las víctimas.

(…) El bosque está enfermo. Las aguas están enfermas. El aire está enfermo. La hierba está enferma. Los peces ya
no tienen ojos. Los pájaros se hunden en el mar, pesados
de plomo. Las gentes están enfermas. No hay

remedio. Hemos olvidado cómo podría
haber sido. Hemos olvidado cómo es. Cuando todos
están enfermos no hay ningún enfermo. El bosque
no está enfermo. Las aguas el aire la hierba los peces
los pájaros nosotros los hombres ya no estamos enfermos…

Claes Andersson (Som lyser mellan gallren, 1989; traducción de Francisco J. Uriz en la antología Lo que se hizo palabra en mí, Pamiela. Pamplona, 998, p. 253-263).